Ya no hay “buenos y malos”, desengáñense, sólo existen hombres que se enfrentan a otros hombres. Pronto no habrá más que supervivientes.
John Garfield Ámbar Nueve.
La presentación del libro, editado por Tecnos, Contrarrevolución o resistencia, la teoría política de Carl Schmitt (1888-1985) de Don Carmelo Jiménez Segado, se realizó en el Ilustre Colegio Nacional de Doctores y Licenciados en Ciencia Política y Sociología en la madrileña calle de Ferraz. Contó el acto con la presencia, entre otros, de personajes destacados del mundo político y universitario como Don Antonio Elorza (Catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense) y Don Francisco Rubio Llorente (Presidente del Consejo de Estado y Catedrático emérito de Derecho Constitucional en la Universidad Complutense) además de un representante del editor. Se echó en falta la presencia de Don Dalmacio Negro (Catedrático emérito de Ciencia Política de la Universidad CEU San Pablo) aquejado de un malestar que deseamos pasajero. Tanto Elorza como Negro son mentores intelectuales de Carmelo y situados, desde la óptica convencional, en polos opuestos del espectro político. Recordemos que las oposiciones complementan, integran y dinamizan los sistemas. Por descontado el personal de servicio, el noventa y varios por ciento de los usuarios no ha de enterarse absolutamente de nada para que todo este horror fluya con naturalidad. Piénsese si no en el caso de la Comunidad de Madrid y de la ciudad (“Villa et Corte”) del mismo nombre, un auténtico experimento social de matiz cuasi infernal gestionado por católicos rancios y sectarios socialdemócratas, o fabianos, para desgracia de millones de personas. Con mucho lo peor del país y el país está absolutamente destrozado. Eurocratizado para mayor gloria de los USA. Citaré directamente de la reseña
http://www.letraslibres.com/index.php?art=14147
que del libro ha realizado en “Letras Libres” el profesor Elorza.
“En su libro Contrarrevolución o resistencia, Carmelo Jiménez Segado ha percibido la importancia del esquema paulino, y en concreto de la figura del katejon (kat-echon), para explicar el pensamiento jurídico-político de Carl Schmitt, al lado del concepto de enemigo, tomado a nuestro juicio de Ignacio de Loyola, y que viene definido como “el extraño (que) representa en el conflicto concreto y actual la negación del propio modo de existencia”. En la coyuntura apocalíptica de la Alemania posterior a la derrota de 1918, el jurista católico traslada al terreno de la historia los puntos centrales del enfoque religioso. El peligro de revolución es el síntoma que en el presente sirve de prólogo al advenimiento del Mal absoluto, auspiciado por el liberalismo y del cual es portador el comunismo. El principio fundamental del respeto a la autoridad de origen divino está siendo irremediablemente socavado y las soluciones históricas del pasado no resultan ya válidas. En línea con su admirado Donoso Cortés, el problema es antes teológico que político. Es aquí donde entra en escena la figura del katejon invocado por san Pablo, aquel que por designio divino contiene el avance del Mal. Sin embargo, la salvación ha de tener lugar por vía política. Carl Schmitt no fue un predicador, sino alguien que repensó las categorías políticas y jurídicas en estricta dependencia de ese objetivo central contrarrevolucionario. Teología y derecho político convergen, ya que en su opinión “todos los conceptos significativos de la moderna teoría del Estado son conceptos teológicos”.
Habrá que matizar esta afirmación del profesor Elorza para comprender la pregunta hipotética que realizaré al final de esta exposición y que no pudo ser realizada en el acto de presentación, dado que el turno de preguntas fue sustituido por el muy característico: “Visite nuestro Bar” de neta raigambre celtibérica. Los ideologemas paulinos, y a eso vamos, guardaron un silencio de siglos antes de ser actualizados, en contextos muy distintos de su elaboración, por el emperador Constantino (¿primer katejon de una larga serie?). Contaminada estuvo la presentación del profesor Elorza por un elogio sibilino y poco convincente, ni conveniente, del ineficaz y detestable Garzón y un asaeteamiento verbal a Berlusconi con referencia a su anticomunismo. Como si Berlusconi y Zapatero, o la sin par Rosa Díez, no navegaran en el mismo y satrápico barco. Que numerosos imbéciles (la clave de bóveda del cuerpo electoral) perciban “divergencias ideológicas irrenunciables e insuperables” entre Sarkozy o Royal, por poner un ejemplo reciente, no quiere decir que existan. La imbecilidad es hoy, como el “i pod” o el móvil, un artefacto de uso común. Quizás olvidó el número de Ferraz en que se encontraba (no estaba ALLÍ sino en el 100). Hago referencia a esta anécdota por motivos que el lector comprenderá cuando conozca la pregunta. Continuemos, y seguimos con la reseña citada:
“Carl Schmitt pone en pie una construcción teórica innovadora, de suma cohesión interna, para un tiempo de crisis y con una orientación defensiva que él llamará de resistencia. Esta dimensión teleológica fundamental es la que invalida el entendimiento de la Constitución desde la teoría pura kelseniana. A ese fin no sirve un conjunto de normas, sino el resultado de un acto de decisión que corresponda a las relaciones vitales y al modo de ser de un pueblo. Y únicamente estará en condiciones de adoptarlo aquél que dispone del poder para hacerlo, imponiendo si así lo estima preciso el estado de excepción.”
“Para la nueva derecha crítica de la democracia, tipo Alain de Benoist, Schmitt proporciona un arsenal de argumentos de demolición. Para el neoconservadurismo de sesgo religioso y apocalíptico, todo el discurso sobre la exigencia de un poder mundial que contrarreste la amenaza creciente del Mal, ahora encarnado por el Islam, encaja perfectamente con la historia del katejon. De forma complementaria su discurso sobre “la unidad del mundo” y la centralidad de la dialéctica amigo-enemigo lo hace con la globalización. Y otro tanto ocurre desde otra vertiente con el rechazo posmoderno del racionalismo individualista. En un mundo nuevamente en crisis vuelve a ser actual el concepto de resistencia.”
Hasta aquí Elorza. No podemos menos que referirnos a la intervención del autor del libro que tuvo lugar, claro, pero de tan grisácea y breve que fue nada podemos consignar. Enigma.
No deja de ser inquietante la revalorización del pensamiento de Schmitt, no solo en España, en la flamante y muy poco democrática de facto Europa Unida. Don Jerónimo Molina, que también estuvo en la mesa, comentó el interés de Schmitt para las generaciones actuales haciéndose eco de su presencia como personaje, o inspiración de personajes, en diversas novelas españolas contemporáneas. Lo que ha debido aburrirse leyendo esos subproductos…
El nombramiento de una momia fabiana y de un jesuítico, no menos vetusto, político católico belga para dirigir la Unión Europea dan mucho que pensar. Actúan por síntesis pero tratan de convencer a la ciudadanía (masas bovinas sumergidas en el pantano que grandes consorcios, vía Estado y Mercado, han configurado durante décadas) de oposiciones ideológicas irreconciliables. Comencemos, con rodeos, con la pregunta citando el libro de Robert Service: Camaradas, Breve historia del comunismo editado por Ediciones B (20079):
En los años venideros podrían emerger otros movimientos hasta ahora desconocidos en conflicto con la democracia, la economía capitalista y la sociedad pluralista. No puede descartarse que tales movimientos, como el marxismo desde 1917, pudieran hacerse con el control de estados completos.
No habla acá del fundamentalismo islámico aunque este exista. Y añadimos nosotros: sea en gran medida una fabricación conveniente de los servicios de inteligencia anglosajones. Un elemento “catalizador”.
El objetivo de un poder de estado incontrolado impregnando todos los aspectos de la vida-política, económica, social, cultural y espiritual- era una característica que compartían fascismo y comunismo.
Ideologías ambas de masas, como la democracia, y articuladas en torno al universo industrial científico técnico. La matriz totalitaria de las democracias, procedente de la Revolución Francesa, ya fue denunciada por el profesor de Historia Moderna de la Universidad Hebrea de Jerusalén Jacob Talmon en dos excelentes libros: The Origins of Totalitarian Democracy, 1952 y Political Messianism – The Romantic Phase, 1960. Su convicción religiosa judía ortodoxa da un especial interés a su crítica. Sobre la desconfianza originaria del antiguo Israel hacia el poder centralizado y burocrático confrontar el trabajo de María Daraki editado por Adaba: Las tres negaciones de Yahvé. Religión y política en el antiguo Israel.
El crepúsculo del marxismo-leninismo preludia el crepúsculo del capitalismo. Sólo en las elaboraciones de los servicios secretos y de propaganda de diversas potencias ha existido una auténtica oposición entre ambos fenómenos. La Guerra Fría no ha sido en gran medida otra cosa que un bluf, un proceso de convergencia de los sistemas capitalista y socialista guiado por élites dentro de las élites. En el proceso se han eliminado numerosos obstáculos, pensemos en la aniquilación de la cultura tradicional china realizada por Mao que ha posibilitado transformar el país en un maquina productivista de corte neocapitalista y termita. La configuración de un orden planetario establecido en las prácticas antropotécnicas del biopoder anuncia una lucha, quizás definitiva, entre diversas facciones para controlar los poderes demiúrgicos que las nuevas tecnologías de la manipulación genética, los avances de la neurociencia o la nanotecnología, entre otras, preludian. Se lucha por quien domesticará, y en que dirección, a la especie. La nación, considerada ya inútil, cumplido su papel de amalgama y subversión de antiguas estructuras, deja su lugar a situaciones neo imperiales o meramente humanitario-genocidas (ONU) como las que se practican y exigen desde círculos multiculturalistas (compuestos en un abrumadora proporción por antiguos marxistas), afectos a las mitologías del cambio climático y de Gaia, o cristiano-sionistas teledirigidos por antiguos trotskistas disfrazados de “neo-con “. Un imperialismo que no dice su nombre, de corte presuntamente humanitario, que lucha contra todo tipo de naciones o grupos desafectos (Yugoslavia, Afganistán, Irak, Irán, Somalia, Corea del Norte, Sudán, Congo y lo que venga: ¿Pakistán?) en combinación con “la lucha contra el terror” (montaje pro israelí, no menos zafio que el montaje “humanitario”, que justifica retornar al Gran Juego anglo-ruso decimonónico). Siempre utilizando la mecánica del par de fuerzas.
Citando de nuevo a Robert Service:
Los fascistas estuvieron influidos por los precedentes comunistas aun cuando los consideraban una plaga. El comunismo ha demostrado tener rasgos de metástasis. Tendrá una larga vida después de la muerte, incluso cuando el último estado comunista haya desaparecido.
Las dificultades para implementar la agenda “democrática humanista” vehiculada por las políticas norteamericanas y de la Unión Europea acabaran generando (la actual crisis económica es solo el comienzo) un proceso de fracturación de las sociedades y un muy pronunciado decurso conflictivo de carácter impredecible. Autores tan divergentes como Paul Gottfried en sus pesimistas conclusiones sobre los EEUU (él mismo autor de un trabajo sobre Carl Schmitt) o las consideraciones nada optimistas de Walter Laqueur (The Last Days of Europe: Epitaph for an Old Continent, Thomas Dunne Books, 2007) sobre el futuro de Europa inciden en esta problemática.
Multiculturalism and the Politics of Guilt: Toward a Secular Theocracy extends Paul Gottfried´s examination of Western managerial government´s growth in the last third of the twentieth century. Linking multiculturalism to a distinctive political and religious context, the book argues than welfare-state democracy unlike bourgeois liberalism has rejected the once conventional distinction between government and civil society.
Liberal Christianity facilitates the popular receptiveness to what is being politically decreed. A liberal Christianity dressed up selectively with New Testament teachings about self-denial and sin provides the suitable theological framework for multicultural politics.
La presencia en la sala de miembros de la Iglesia Católica (¿opus deístas, jesuitas?) y en la mesa de representantes de muy divergentes líneas políticas constituyen un inquietante indicio. Todos coinciden en pedir que se deje de demonizar a Carl Schmitt. Nada raro es que representantes cualificados del nihilismo como lo son católicos y socialistas (Habermas+Ratzinger) aunen sus esfuerzos para sugerir superaciones del liberalismo político e implementar imposiciones teocéntricas de corte “actualizado”. Cada uno las suyas, claro. El Nuevo Cristianismo de Saint Simon, el cientifismo “católico” comtiano, la admiración que Lenin (internacionalista) y Himmler (europeo) sintieron por el modelo organizativo jesuítico, la repesca de marxistas diversos y dispersos en variantes anti globalizantes y “sostenibles”, la Sinarquía masónica… El aprovechamiento de cretineces, fabricadas en los laboratorios del marketing, como los movimientos gay o feminista, así como una entrega al despotismo del estado terapéutico, canalizan a los “últimos hombres” que en ingente número coexisten en las saturadas mega urbes en el ambiente fraternal y mestizo que todos conocemos. Todo esto permite pensar que en un futuro nada lejano, cuando esta conjura planetaria suicida, comience a hacer aguas, se recurra, aparte de a las guerras de rigor contra enemigos elaborados ad hoc (varias de ellas ya en marcha), a la llegada al poder de algún sosias imperial mesiánico que actuará como paladín de tan repugnante experimento. Un katejon de ESTO, listo para afrontar a los demonizados nacionalismos, fundamentalismos religiosos, “racismos” varios, catástrofes climáticas, epidemias y lo que salga del tubo catódico con las simulaciones pertinentes. La doctrina del enemigo contrarrevolucionario, nacida en la Revolución Francesa y perfeccionada a base de masacres por el marxismo leninismo en escenarios múltiples, nos ayudará a comprender mejor la situación que las referencias jesuíticas y falaces a Ignacio de Loyola del profesor Elorza. Estas cosas nada inofensivas que proceden de” lo políticamente correcto” (expresión procedente del comunismo) al que se refirió con encomio el mismo y búdico personaje.
El katejon de ESTO está en el aire y Obama, premio Nóbel y genocida del pueblo afgano (la España de Zapatero participa alegremente en el asalto a Eurasia con una desvergüenza e imprudencia ilimitadas), es uno de sus proto avatares. Esta es la pregunta:
¿Para cuando, y con qué excusa sublime, el katejon de la Democracia Mundial?
Como señala Gottfried:
“The point Joe Sobran has made in the past that continues to be true is that American and European Zionists insist on a double standard with regard to national identities. Thus Jews are imagined to have a special inviolable right to an ethnic state, while Euro-American gentiles are expected to practice multiculturalism. One encounters this double standard so often that by now it has become like unpleasant noise that one tries to tune out. But this self-righteous noise, as I have argued elsewhere, prevails because Western Christians are cultural masochists. It is they who are the enablers of raging minorities who play the victim game. One problem with exporting “Western democracy” may be the tendency of those who engage in this activity to obliterate their own moral and religious past.
Gottfried en un interesante artículo:
http://www.vdare.org/gottfried/schmitt.htm
y con esto termino, nos da algunas claves que nos permiten entender mejor a Schmitt y con ello los problemas de nuestro tiempo:
There are two ideas raised in Schmitt’s corpus that deserve attention in our elite-decreed multicultural society. In The Concept of the Political (a tract that first appeared in 1927 and was then published in English in 1976 by Rutgers University) Schmitt explains that the friend/enemy distinction is a necessary feature of all political communities. Indeed what defines the “political” as opposed to other human activities is the intensity of feeling toward friends and enemies, or toward one’s own and those perceived as hostile outsiders. This feeling does not cease to exist in the absence of nation-states. Schmitt argued that friend/enemy distinctions had characterized ancient communities and would likely persist in the more and more ideological environment in which nation-states had grown weaker. The European state system, beginning with the end of the Thirty Years War, had in fact provided the immense service of taming the “political.”
The subsequent assaults on that system of nation-states, with their specific and limited geopolitical interests, made the Western world a more feverishly political one, a point that Schmitt develops in his postwar magnum opus Nomos der Erde (now being translated for Telos Press by Gary Ulmen). From the French Revolution on, wars were being increasingly fought over moral doctrines – most recently over claims to be representing “human rights.” Such a tendency has replicated the mistakes of the Age of Religious Wars. It turned armed force from a means to achieve limited territorial goals, when diplomatic resources fail, to a crusade for universal goodness against a demonized enemy.
¿Os suena esto de algo? Y termina, provocatívamente, señalando:
Schmitt came to dread American globalism more deeply than its Soviet form, which he thought to be primitive military despotism allied with Western intellectual faddishness. In the end, he welcomed the “bipolarity” of the Cold War, seeing in Soviet power a means of limiting American “human rights” crusades. A learned critic of American expansionists, Schmitt did perceive the by-now inescapably ideological character of American politics. In the post-Cold War era, despite the irritation he arouses among American imperialists, his commentaries seem fresher and more relevant than ever before.
EL QUE TENGA OJOS QUE OIGA.

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