El miedo y yo nacimos gemelos. Thomas Hobbes.
La desenfrenada carrera por vacunar, contra la conocida como “gripe A”, a miles de millones de personas en todo el mundo con una vacuna insuficientemente probada, que además no se justifica dada la escasa peligrosidad del virus, pone sobre la mesa una vez más la demencia de nuestras instituciones políticas y científicas (estrechamente unidas) y el, afortunadamente, paulatino colapso de la credulidad y pasividad de vastos sectores de población ante los dogmas tecnocráticos. Pilares básicos de nuestro sistema global son la Medicina Oficial (autentico sacerdocio consagrado por la Modernidad) y la influyente industria farmacéutica.
A primeros de febrero de 2009, Madame Bachelot (Ministra de Salud de Francia), cito a Jean Jacques Crevecoeur, pidió a un grupo de expertos en leyes constitucionales que le informaran sobre una importante cuestión. Ésta: «La imposición de un plan de vacunación a toda la población ¿sería ilegal y anticonstitucional?» Los expertos la tranquilizaron indicándole que una situación excepcional y un estado de urgencia sanitaria ¡justificaría ampliamente que se suprimieran todas las libertades individuales!
“En el Senado de Massachussets se ha aprobado la ley 2028 de respuesta contra la pandemia, que le entrega al gobernador del Estado poderes para declarar algo muy parecido a la ley marcial bajo el estado de emergencia sanitaria. La nueva legislación contempla el arresto forzoso y sin orden judicial de cualquier sospechoso de haber contraído el virus, la vacunación obligada si las autoridades lo consideran necesario y, si ésta se rechaza, la cuarentena obligatoria. También protege al personal médico y a las fuerzas del orden contra posibles acciones legales de los ciudadanos e impone multas de hasta 1.000 dólares por día (680 euros) a quien se niegue a seguir órdenes. De momento es la legislación más agresiva que se ha aprobado a raíz del virus H1N1, aunque para llevarse a la práctica aún tiene que ratificarla el Congreso”. El 26 de abril del presente año la administración de Obama declaraba la emergencia sanitaria. La autorización legal para el uso de medicamentos en estado de emergencia exime a las farmacéuticas de responsabilidad civil o penal frente a medicamentos que no han seguido los procedimientos de seguridad habituales, como es el caso de la vacuna contra la H1N1. Se considera que 164 millones de personas en los Estados Unidos son grupos de riesgo. Una nueva propuesta de ley (HR 645) ha sido introducida en la Cámara de Representantes, la llamada “Acta para la constitución de centros para una emergencia nacional” que permitirá la constitución de centenares de recintos cercanos a bases militares para recluir descontentos en caso que se dieran disturbios generalizados en el país de “los libres”.
Emergencias como la ocurrida hace unos años en Gran Bretaña con la encefalopatía espongiforme bovina (mal de las vacas locas) que terminó con el sacrificio, en gran medida inmotivado, de millones de animales dan una idea del proceso creciente de militarización de la Salud Pública. No es casual que alguien como Obama, como su predecesor un pelele de los grandes consorcios, haga hincapié en su programa en la realización de sustanciales reformas en la Sanidad. Autentico caballo de Troya este, el de la Medicina Oficial, de las tendencias más peligrosas que van configurando un auténtico totalitarismo planetario.
La investigadora austriaca Jane Burgermeister sacó a la luz el 10 de junio el caso Baxter. Multinacional farmacéutica que iba a inundar centro-Europa con millones de dosis de una vacuna consistente en una combinación letal de virus gripales. Un caso manifiesto de bioterrorismo. Pero no era Al Qaeda la que estaba en la trastienda.
Teresa Forcades, benedictina catalana y doctora en Medicina, ha denunciado con claridad y coraje esta infamia en la Red y puesto sobre aviso a los ciudadanos españoles sobre lo que se les podría venir encima.
La modificación del concepto de pandemia en los últimos meses por la OMS bajo la dirección de Margaret Chan, una repelente burócrata procedente de la China Comunista, converge en una panorámica inquietante. El 11 de junio del 2009 la Organización Mundial de la Salud clasificó la “gripe nueva” como de nivel de alerta seis; es decir: pandemia. Otro once más sin duda casual, ¡como no!, así lo exigen escépticos y borregos adoctrinados en la democracia televisiva.
Iros preparando…

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